El resto

No a la pereza

Las escaleras de hormigón a menudo están fuera de servicio… Shuttersock

Si le cuesta trabajo levantarse del sofá para realizar una actividad física, no se preocupe, no es el único.

Pero que va, más bien preocupese, y ocupese!

Desde hace decenios, vemos campañas de comunicación que nos animan a hacer ejercicio. Sin embargo, alrededor del 30 % de los adultos no realiza suficiente actividad física. Y el porcentaje no deja de aumentar en todo el mundo. Según la Organización Mundial de la Salud, 3,2 millones de defunciones se atribuyen a esta falta de actividad física cada año, lo que equivale a una muerte cada 10 segundos.

No todos reaccionamod igual ante los mensajes de prevención

A veces es más sencillo ceder al impulso sedentario… Shutterstock

La ley del mínimo esfuerzo, una molesta herencia de la evolución

Aunque esta atracción al sedentarismo parezca paradójica actualmente, es lógica cuando se examina desde el punto de vista de la evolución. Cuando era difícil acceder a los alimentos, con los comportamientos sedentarios se podía ahorrar energía, algo que resultaba fundamental para la supervivencia.

Esta tendencia a reducir al mínimo los esfuerzos inútiles podría explicar la pandemia de la falta de actividad física actual, ya que los genes que permiten sobrevivir a los individuos son más susceptibles de estar presentes en las siguientes generaciones.

En un estudio reciente, hemos intentado evaluar si nuestra atracción automática hacia los comportamientos sedentarios estaba registrada en nuestro cerebro. Los participantes de este estudio también tenían que realizar el juego del maniquí, pero, en esta ocasión, unos electrodos registraban la actividad cerebral.

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Los resultados de este experimento demuestran que, para alejarse de las imágenes de sedentarismo, el cerebro debe desplegar recursos más importantes que para alejarse de las imágenes de actividad física. Por consiguiente, en la vida diaria, para alejarse de las oportunidades de sedentarismo omnipresentes en nuestro entorno moderno (escaleras mecánicas, ascensores, coches…) se necesitaría superar una atracción sedentaria que está muy arraigada en nuestro cerebro.

El sedentarismo está arraigado en nuestro cerebro. Shutterstock
Evitemos caer en lo fácil. Mark Martins/Pixabay

Por otro lado, y puesto que, al igual que nuestros ancestros, la gran mayoría de nosotros no practica una actividad física a menos que sea divertida o necesaria, el mejor modo de fomentarla es hacerla agradable. Por consiguiente, es necesario (re)estructurar nuestros entornos para favorecerla, sobre todo durante nuestros desplazamientos diarios.

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